top of page

EL "TREMUOTO"

Era la noche del 16 de diciembre, una noche funesta, que no podremos recordar sin dolor y sin temor. El cielo estaba completamente despejado de nubes y las estrellas brillaban purísimas; y sin embargo, como si la atmósfera estuviese cargada de vapores, se sentía un agotamiento, un malestar imposible de describir.

De vez en cuando, las gallinas, en los gallineros, lanzaban tristes chillidos, y los perros aullaban a lo lejos, como ante la inminencia de un misterioso trastorno de la naturaleza.

Nos sentamos a la mesa, pero mis padres no sentían necesidad de comer; luego, sin comunicarse sus temores (y aun si hubiesen querido hacerlo, ¿qué temores eran aquellos?), bajaron la cabeza y permanecieron largo tiempo sumidos en sus pensamientos.

Mis hermanos y yo advertimos aquella tristeza, y nos pusimos en movimiento para procurarles alguna distracción, algún entretenimiento que devolviera una sonrisa a sus labios.

Pero nuestros padres no prestaron atención alguna. Y he aquí que, incapaces de explicar lo que sucedía en su corazón, se levantaron y dieron la orden de que nos acostáramos.

bottom of page